Cuaderno de viaje

Lo que me da fuerza

Conocimos a Anna en el Hogar. Tras una estancia en el hospital sus padres no la fueron a buscar. Con sus piernas amputadas, tras el abandono de sus padres, ha estado viviendo en el Hogar desde hace muchos años. Ella ve a su benefactor como su “familia”. Isaí experimentó un mismo destino tras caer por una chimenea cuando era niño. Como los padres no tenían recursos no pudieron ofrecerle ayuda médica tras el accidente. Tuvieron que amputarle en una operación de emergencia y tampoco lo fueron a recoger del hospital. Lo acogieron en el Hogar donde se le realizaron trasplantes de piel mucho mas tarde. Actualmente necesita otra intervención con urgencia.

Cuatro hermanas perdieron a sus padres a causa del SIDA. Desde entonces han estado yendo y viniendo de distintos orfanatos. Dos de ellas están infectadas. Son jóvenes cerradas. Ahora, tienen la oportunidad de vivir independientemente en una de las casas del “proyecto”. Sus ojos brillan de alegría.
Hay tantos niños en el Hogar que anhelan una familia y un apoyo. Echan de menos a los padres que los abandonaron y que tan siquiera los visitan. Debo decir que no los juzgo. Piensan que los niños están mejor con las Madres.

La pequeña Jaqui sigue preparando la mochila con la esperanza de que su madre vaya a recogerla el fin de semana. No consigo olvidar sus ojos.

Fuimos a visitar a una niña apadrinada por un amigo mío. Ella vive con su madre un hermano discapacitado y otros tres hermanos, en una cabaña de madera con dos estancias. Sin agua ni electricidad. Se trata de una niña inteligente que amablemente nos muestra cómo vive. Supimos de la trabajadora social que una
hermana suya fue violada y tuvo un niño con solo 13 años. La familia no pudo denunciarlo ya que no disponían de recursos para ir a juicio.

Una madre abrumada por un gran número de hijos que cuidar se vio obligada a llevar a los dos más pequeños al Hogar. No dispone de recursos ni tiempo para cuidarse de toda la familia. Su esposo recibió un disparo y desde entonces no puede trabajar. Viven en un habitáculo con una sola estancia que difícilmente alcanza a ser una choza. En un futuro cercano podrían vivir en una de las casa del proyecto donde sería posible reunir de nuevo a toda la familia.

Encontramos una anciana que ya no puede pagar el alquiler de la “cabaña” en mal estado en la que vive.

El propietario se la ha cerrado y ahora ella duerme en un piso situado en frente de dicha cabaña.

El pequeño Byron, de 3 años, fascino a mi hija masticando con entusiasmo una galleta durante al menos un cuarto de hora.

Los hombres en su mayoría sin educación trabajan el campo por entre 3 y 4 euros al día. Las mujeres limpian u hornean tortillas.

Trabajan 8 horas al día por 2 € o incluso por 1€ las mas mayores.

Hay una ley que garantiza un salario mínimo pero al no tener contratos por escrito esta ley se incumple sin consecuencias.

No hay seguros sociales ni de salud para los mayores indígenas, la educación es de pago. De esta forma el ciclo de pobreza no se ha roto llegado el siglo XXI. Los padres no les queda más remedio que hacer trabajar a sus hijos desde muy niños.

¡ Llevar cargas pesadas de aquí para allá sobre sus cabezas y hombros, no les va a proporcionar un buen crecimiento!